Esto no es un poema de amor...
I
Esta mañana me puse a escribir un par de labios
y en ellos dibujé un beso mío;
eran tiernos como una perrita amamantando gatos
y pensaba en ti mientras se asomaba el frío.
Cerca había un árbol sucio y una calle andando
y en ella mi entero vacío,
y llevaba tus ojos de agua en mis manos
para mirarlos al perderme en todos los sitios.
En una hora que los dos conocemos,
un día que nosotros pactamos en silencio,
estaba mi boca hablando de besos callados,
escribiendo en tu lengua nuevos versos.
II
Siempre estoy escribiendo y eso me asusta.
La cólera de la noche llega contigo
y te recuerdo tan distante, tan distinta.
Tú eres como la pradera de la noche en tus ojos,
blanca paloma desnuda que limpia mi sed,
eres tan delgada como una espiga de oro
y podría comerte y comerte y volverte a ver,
pero en tu espalda hay una caricia que no es mía,
un beso que no es mi boca ni tus labios.
(Un cáliz de vino deletrea tus manos,
es tarde para verte llegar:
el agua camina lentamente.)
He puesto mis ojos sobre los tuyos y habrá de amanecer.
Esta mañana me puse a escribir un par de labios
y en ellos dibujé un beso mío;
eran tiernos como una perrita amamantando gatos
y pensaba en ti mientras se asomaba el frío.
Cerca había un árbol sucio y una calle andando
y en ella mi entero vacío,
y llevaba tus ojos de agua en mis manos
para mirarlos al perderme en todos los sitios.
En una hora que los dos conocemos,
un día que nosotros pactamos en silencio,
estaba mi boca hablando de besos callados,
escribiendo en tu lengua nuevos versos.
II
Siempre estoy escribiendo y eso me asusta.
La cólera de la noche llega contigo
y te recuerdo tan distante, tan distinta.
Tú eres como la pradera de la noche en tus ojos,
blanca paloma desnuda que limpia mi sed,
eres tan delgada como una espiga de oro
y podría comerte y comerte y volverte a ver,
pero en tu espalda hay una caricia que no es mía,
un beso que no es mi boca ni tus labios.
(Un cáliz de vino deletrea tus manos,
es tarde para verte llegar:
el agua camina lentamente.)
He puesto mis ojos sobre los tuyos y habrá de amanecer.
III
Posees una belleza que no conozco
y te conoces entera y te conozco y nos conocemos.
Has venido a mi encuentro
y he esperado largamente este momento;
coloco en tus labios una uva recién cortada de mis labios
y nos conocemos y nos recordamos.
Estoy contigo porque tú me lo has demostrado
y estás conmigo porque no hay otro sitio más sencillo,
más alentador y constante que mis brazos.
Quiero beberte del pecho la savia de un romance despoblado,
donde las palabras flotan en tu piel y yo con mi lengua las hablo.
Quiero escribir en tu cuerpo mis manos,
dejar de comer, dejar de fumar y volverme un hijo tuyo,
(porque si no fuera un hombre sería el hijo de tus labios)
para incestar jardines húmedos en tu ombligo
y volver aire tus besos y hacer un beso el pasado.
Quiero poseerte y encontrarte y mirarte todo el tiempo,
porque esta mirada que tengo
te busca y te cobija
todo el tiempo.
IV
Sobre el agua caminas
y a veces me ahogo en tus barcos de sal;
tú miras mi nombre y me conoces,
tú eres agua y te reconozco y ensalivo tu pecho desde lejos,
esperando que en tu pecho crezcan flores
así como en la flores crecen besos.
Sentada en la orilla del mundo ves pasar olas y alas y soles,
y te desnudas lentamente
para conquistar el mar
de mis alrededores.
V
Bebiendo agua limpia de tu mar
coloco mis tristes ojos en los tuyos,
y el instante se hace largo como la infinidad,
haciendo de las miradas tiernos capullos.
Mientras haya dulces labios que besar,
habrá palabras que podrán decirse con impulso,
y en tus ojos ensimismados podré hablar
hasta que todo el tiempo sea un simple murmullo.
Tomaré tus suaves manos sin mirar atrás
y mirarás atrás sin dejar lo que es tuyo,
a besar los mismos labios volverás
y esperaré a beber de tu amable pecho oculto.
La espuma de la noche que pronto caerá
dejará en mis labios un beso nocturno,
tu lengua dormida tendrá que despertar
al recibir de mi boca lo que en ti nunca estuvo.
Después volveré a quererte y lo sabrás
y dejaré en tu cuello un labio taciturno,
la dulce noche con nuestros ojos se irá
y volveremos a ser el mismo sitio absoluto.
VI
Estoy pensando en ti
y en lo que podría decirte en silencio.
Podría hablarte del amor que se acaba
y que las flores nacen de un pezón descubierto,
podría beberte la miel de los ojos y colocármela en los dedos
para escribirte un poema —un poema de ti, un verso tuyo— en secreto,
donde los dos hablamos de las cosas amables, de tantos besos,
y podemos hablar del silencio que desciende en tu oído
y en silencio puedo mirarte y mirarte
hasta que la noche se convierta en un despabilado insecto.
VII
De noche estoy pensando en comer del jardín de tus labios,
apretarte suavemente el corazón,
besarte los codos y dibujar en ellos mi rastro,
mirarme en tus ojos y tocarte el alma donde hemos estado,
convertir en flores los gusanos, darte un sapo cantor
y una cucaracha en tu cama saltando.
Quiero darte al mundo como si hubieses regresado,
aprenderte las delgadas piernas que tienes por pasos,
ser la sombra de tu pecho en donde duerme mi paladar encantado,
probar el agua que de tus brazos se extiende
y dejar de ser un distante hombre con manos.
Que a mí vuelvas quiero
y que duermas en mi cuerpo en secreto:
tú puedes comer de ése árbol
aunque la sombra sea larga como nuestros ojos.
VIII
Ayer soñé que venía ella conmigo después de ir al parque. Su pequeña mano acariciaba la noche y yo le hablaba de cosas que no he hablado con nadie:
—¿Te conté de la vez que caminé sobre el agua? Ese día pude besarte el cuello y dejé la toalla de mi alma descansando en tu boca. No te diste cuenta porque estabas dormida sobre mi cuerpo y mi mano te acariciaba la espalda.
Esa noche caminamos toda la tarde buscando leche y pan, buscando la oscuridad y algunos gritos; recuerdo que mi voz y sus labios hablaban en silencio de cosas que ella y yo nunca dijimos.
—¿Realmente no te acuerdas que miré sobre tu cabeza y te escondí los ojos para que no me vieras? Debiste estar ciega: había flores cosidas a la pared y el eco de una canción nos alcanzó hasta la esquina donde nunca dimos vuelta. Tú querías darme un par de labios y yo quería humedecerte el corazón izquierdo.
Ya era tarde esa noche, nuestras miradas eran un libro abierto; recuerdo que quise detenerla antes que se la llevara lo incierto, y su boca latía y mi corazón le gritaba palabras que me llenaron de tantos huecos:
—¡¿Por qué tienes que irte ahora que me haces falta, ahora que nos conocemos como nunca, que te extraño como siempre?! Podrás correr conmigo sobre la arena cuando nadie se entere, esconderte de las tristes sombras que escriben en tu pecho sus redes. Cuando te vayas estaré solo como el anciano sordomudo que los dos hemos visto en la calle, al que le dimos de beber metáforas de agua del aire, al que no conocíamos y le pusimos nombre y lo adoptamos como hijo nuestro, como muerte nuestra. ¿Te acuerdas del amor? Ahora puedes morder otros labios. Ahora vete.
Y recuerdo que desperté para amarla en secreto.
IX
Con mi boca:
quiero morder la manzana de la piel de tus labios,
beber de tus senos la caricia infinita que esconde tu cuerpo;
comer de tu vientre las flores que te han crecido en secreto
y ensalivarte la oreja derecha y dormir en tus sueños.
Con mis manos:
quiero rozarte suavemente el corazón derecho,
tocar tu espalda desnuda en el frío de los misterios;
apretar tu dulce cabeza, devolverla a mi eterno pecho
y escribirte otro verso en el ombligo y debajo de tus dedos.
Con mis ojos:
quiero mirar el árbol, mirarte la voz en silencio,
colocar en tu mirada amable y larga mis ojos despiertos;
nacer detrás de tus ojos como nace el agua en tu florero
y llevarte a la iluminación verde y esbelta de mi ojo izquierdo.
X
Leyendo a Sabines leo lo mismo que un pezón tuyo: dulce y amoroso,
y recuerdo que no eres imposible sino dolorosa.
Me faltas ahora que me faltas y que te has convertido en una rosa
—¿quién te dijo que las rosas no hablan
y que los pétalos sólo se destrozan?—
y te has vuelto palabra de los muslos, letra milagrosa.
Quiero llorar en tus ojos porque no te tengo,
porque la noche es lo único del amor que conocemos.
También quiero meterme en tu estómago
y hacerte cosquillas hasta volverte un secreto,
un secreto que tú y yo conocemos en secreto.
XI
A lo lejos están los pájaros dentro del aire,
lentamente crece un árbol sobre mis ojos
y te quedas dormida en mis manos.
Te digo al oído cosas que no le contarás a nadie
porque sé que nunca a alguien se las he contado:
“... debes saber que el amor no puede hablarse,
que el aire y tu nariz son el romance perfecto,
así como mi boca y tus labios y tus pechos y mis manos.
Quiero que tomes esta rebanada del día de ayer
y la metas en un cajón después de untarle este poema.
¿Ves ahora que el amor no puede hablarse?
Todo lo que amamos queda en el pasado
como cuando caminamos y no podemos recoger nuestros pasos.
El amor debes tocarlo con las uñas de un suspiro desgarrado,
pasionalmente, exprimirlo en los ojos de quien te has enamorado
y decirle todo aquello que nunca has contado.
¿Ves ahora cómo te quiero?
El amor camina sobre las piedras todos los días,
se ha vuelto hijo de la soledad y no es vecino del olvido.
Tal vez el amor no puede olvidarse
porque olvidar no es parte de nuestro destino;
sé que el destino no existe porque todo se ha dicho,
entonces alguien ya dijo el amor cuando ni tú ni yo estuvimos.
El amor debe flotar sobre la cama, confundir las sábanas
y dejar que las palabras se nos metan en las manos para arrullarnos la espalda.
El amor está en los ojos de la persona que cree en las miradas,
por eso el amor puede ser visto y yo te he visto señalando pupilas olvidadas.
Entre tú y yo no hay nada —ni una gota de aire, ni una brisa callada—,
porque tú y yo estamos pegados con la leche de las palabras recordadas... ”
Sobre tu pecho descansa una flor y despiertas con un frágil bostezo,
me dices que te soñaste enamorada bajo la lluvia, bajo las sábanas,
y te miro a los ojos y te desnudo los labios con la lengua de mi sangre.
¿Será posible que me hayas escuchado?
Te abrazo la piel y al oído te digo cosas que a ti te he contado:
podrás estar en los brazos de otros brazos
pero eres bellísima estando dormida sobre mis manos.
Domingo 7, lunes 8, martes 9
y miércoles 10 de diciembre de 2003

2 Comments:
pense q podria encontrarte pero no fue asi...
escribiste eso hace mucho, más de lo que yo pense...
mar
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