Jardinero
Si fueras húmeda rosadel jardín de los instintos,
te untaba leche en los pétalos
para que crecieras como un trigo.
Colocaba mi lengua en tus raíces
para devolverte al frío,
y en tu mirada se haría la luz
como se hacen del mar los ríos.
Yo sería tu semilla más danzante
porque tú me elevas como a un hijo,
y me llevaría —es cierto, lentamente—
a sembrarme en lo profundo de tu ombligo,
para crecerte y penetrarte
como sólo puede crecer y penetrarse a un hilo.
En tu nariz ha de nacer el buen aire
que hace crecer los dulces higos,
y has de levantar la noche bajo tus párpados oscuros
para que el sol pueda dormir tranquilo.
Desde lejos estaré mirando la puerta
donde podría darte mi corazón tibio,
sé que no es posible recoger el húmedo fruto
que en los labios te ha crecido,
pero podría caminar en las noches solitarias
esperando que otra cosa hayas decidido.
(Arriba los árboles surcando la marea
que en mis ojos ha descendido,
así como descienden los muros
en la enorme montaña del olvido.)
Se hizo tarde para volver y todavía no ha amanecido.
Martes 30 de diciembre de 2003,
viernes 2 y lunes 12 de enero de 2004

1 Comments:
me gustan las flores azules...es casi imposible encontrarlas como imposible es encontrarme...
besos
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